
Roger Waters: Un Concierto Histórico y una Relación Fraternal con Chile
El 5 de marzo de 2002, Roger Waters debutó en Santiago, poniendo fin a décadas de espera para los fanáticos chilenos de Pink Floyd. En el Estadio Nacional, ante una audiencia de 57 mil personas, el músico ofreció un espectáculo de casi tres horas que quedó marcado en la historia como uno de los más grandes, costosos y esperados de todos los tiempos en Chile. Esta presentación se convirtió en un hito no solo por su magnitud, sino también por la conexión emocional que estableció entre Waters y el público chileno, algo que perdura hasta hoy. Fue un concierto que marcó el inicio de una relación especial, tanto musical como sociopolítica, con nuestro país.
Un Show Monumental
El concierto fue parte de la gira In the Flesh, en la que Waters interpretó los más grandes éxitos de Pink Floyd y algunas de sus canciones solistas. En cuanto a la producción, el espectáculo fue imponente: un escenario de 22 metros de ancho, 18 metros de altura y 15 de profundidad, con un sistema de sonido envolvente cuadrofónico que ofreció una experiencia psicodélica única, que nunca antes se había utilizado en Chile. El show también contó con pantallas gigantes, aunque hubo algunos problemas técnicos: una de las pantallas de 40 x 40 metros fue retirada minutos antes del inicio, lo que causó ciertas quejas, especialmente entre los asistentes ubicados más lejos del escenario.
Roger Waters: Un Concierto Histórico y una Relación Fraternal con Chile
El 5 de marzo de 2002, Roger Waters debutó en Santiago, poniendo fin a décadas de espera para los fanáticos chilenos de Pink Floyd. En el Estadio Nacional, ante una audiencia de 57 mil personas, el músico ofreció un espectáculo de casi tres horas que quedó marcado en la historia como uno de los más grandes, costosos y esperados de todos los tiempos en Chile. Esta presentación se convirtió en un hito no solo por su magnitud, sino también por la conexión emocional que estableció entre Waters y el público chileno, algo que perdura hasta hoy. Fue un concierto que marcó el inicio de una relación especial, tanto musical como sociopolítica, con nuestro país.
Un Show Monumental
El concierto fue parte de la gira In the Flesh, en la que Waters interpretó los más grandes éxitos de Pink Floyd y algunas de sus canciones solistas. En cuanto a la producción, el espectáculo fue imponente: un escenario de 22 metros de ancho, 18 metros de altura y 15 de profundidad, con un sistema de sonido envolvente cuadrofónico que ofreció una experiencia psicodélica única, que nunca antes se había utilizado en Chile. El show también contó con pantallas gigantes, aunque hubo algunos problemas técnicos: una de las pantallas de 40 x 40 metros fue retirada minutos antes del inicio, lo que causó ciertas quejas, especialmente entre los asistentes ubicados más lejos del escenario.
Exigencias y Particularidades del Músico
En cuanto a las exigencias del artista, los reportes de la época destacan el carácter peculiar de Waters, que requería una serie de condiciones para su estadía en Chile. Solicitó alojarse en la suite presidencial del Hotel Hyatt, disfrutar de una ronda de golf y contar con una limusina a su disposición. En su camerino, pidió una canasta con frutas frescas, jugos naturales y varias cajas de Coca-Cola Light y cerveza Beck’s. Aunque en sus primeros años de carrera era conocido por ser un personaje complicado, ese día Waters mostró un lado más relajado y hasta expresó su interés por conocer Tierra del Fuego en una entrevista con TVN.
El Nacimiento de una Relación Duradera
El concierto de 2002 fue solo el comienzo de una relación que, con el tiempo, se fue fortaleciendo y profundizando. Roger Waters no solo ganó el cariño de los fanáticos chilenos por su música, sino también por su compromiso con temas sociales y políticos. Su relación con el país fue más allá de los escenarios, y se convirtió en una figura clave en momentos cruciales de la historia reciente de Chile.
En 2010, tras el devastador terremoto que afectó al país, Waters mostró su solidaridad enviando una carta de apoyo a las familias damnificadas y realizando una significativa donación anónima a la fundación Techo, suficiente para construir 300 viviendas de emergencia. También entregó objetos personales para ser subastados, con lo que se recaudaron fondos para ayudar a 120 familias en el Cajón del Maipo.
A lo largo de los años, Waters se manifestó en numerosas ocasiones sobre el contexto sociopolítico chileno. En 2012, durante una gira con The Wall, tuvo un encuentro con el presidente Sebastián Piñera, en el que expresó su preocupación por la violencia policial y la situación educativa en el país. En 2019, durante el estallido social, Waters apoyó a los manifestantes y les aconsejó mantener las protestas pacíficas. También compartió un mensaje en las vísperas del plebiscito para una nueva Constitución, animando a los chilenos a votar por la opción del Apruebo. En 2021, se pronunció nuevamente, esta vez apoyando a Gabriel Boric en las elecciones presidenciales.
Conclusión
Roger Waters no solo dejó un legado musical imborrable en Chile, sino que también se ganó el cariño y respeto del pueblo chileno por su constante preocupación por los problemas sociales y políticos. Su primer concierto en 2002 fue el inicio de una relación que fue mucho más allá de la música, consolidándose como un símbolo de solidaridad y compromiso con las causas del pueblo chileno. Con cada visita, su vínculo con Chile se hizo más fuerte, convirtiéndose en una de las figuras internacionales más cercanas y respetadas por los chilenos.

