El 25 de noviembre de 2023, el Estadio Monumental fue escenario de una ceremonia intensa, política y emocional. Roger Waters abrió la primera de dos noches en Santiago con su gira de despedida This Is Not a Drill, ante un recinto completamente lleno y una advertencia clara antes de que sonara la primera nota: “Si amas a Pink Floyd pero no soportas mi política, harías bien en irte al bar”.
No hubo medias tintas. Nunca las hubo.


Un inicio desconcertante
La apertura sorprendió. “Comfortably Numb” apareció en una versión lenta, casi fantasmal, reinterpretando el clásico de The Wall con un pulso distinto y sin el tradicional solo incendiario. Vestido de blanco, en una escena casi clínica, el músico instaló desde el arranque el tono conceptual del espectáculo.
Luego vendrían “Another Brick in the Wall (Part 2 y 3)” y “The Happiest Days of Our Lives”, conectando de inmediato con la memoria colectiva. Pero el viaje no era nostálgico: era una revisión crítica del presente.

Política frontal y sin anestesia
El show mantuvo una narrativa permanente contra la guerra, el autoritarismo y el consumismo. “The Powers That Be” proyectó imágenes crudas de violencia policial y conflictos internacionales, incluyendo referencias a Victor Jara, en un recinto marcado por la historia.
En las pantallas gigantes —dispuestas en una estructura imponente— desfilaban rostros de líderes mundiales, discursos fragmentados y mensajes directos. Waters calificó como “criminales de guerra” a distintos mandatarios contemporáneos, manteniendo la coherencia de una postura que le ha generado controversias en América Latina y Europa por su apoyo a Palestina.
La palabra “RESIST” volvió a dominar el espacio visual en distintos pasajes de la noche.

Sonido envolvente y banda impecable
A sus 80 años, el británico mostró una voz más narrada, dosificada, pero firme. La potencia estuvo respaldada por una banda sólida: Jonathan Wilson y Dave Kilminster en guitarras, Jon Carin en teclados y un equipo vocal que sostuvo momentos exigentes como “Wish You Were Here”.
El Monumental, más compacto que el Nacional, potenció el sonido cuadrafónico, generando una sensación envolvente que hizo íntimo un espectáculo de estadio.

Animals y los inflables simbólicos
El bloque dedicado a Animals fue uno de los puntos altos. Durante “Sheep”, una oveja inflable sobrevoló la cancha, tiñéndose de rojo mientras en pantallas aparecían imágenes distópicas inspiradas en la novela Rebelión en la Granja de George Orwell.
El clásico cerdo volador también hizo su aparición con la frase “He’s Mad. Don’t Listen”, en medio de sirenas y disparos sampleados. El símbolo histórico de Pink Floyd reapareció, esta vez bajo un clima de tensión mediática previa que acompañó toda la gira latinoamericana.

The Dark Side en clave 2023
La segunda parte del concierto profundizó en The Dark Side of the Moon. “Money”, “Us and Them”, “Brain Damage” y “Eclipse” desplegaron una narrativa visual impresionante. Con luces recreando el prisma icónico del disco, el estadio vivió uno de los momentos más conmovedores de la noche.
Hubo también espacio para canciones solistas como “Déjà Vu” y la reciente “The Bar”, escrita en tiempos de pandemia, reforzando la idea de que el presente sigue siendo materia prima para el compositor.

El cierre y la despedida
Pasadas las 23:30, el espectáculo culminó con “Outside the Wall”. Waters brindó con su banda y nombró a figuras fundamentales en su vida, entre ellas su hermano John y su compañera. El tono fue íntimo, casi confesional.
“This Is Not a Drill” funciona como una despedida abierta. No es un adiós definitivo, pero sí el cierre de una etapa monumental en la historia del rock en vivo.
Quien entró buscando un simple concierto salió con preguntas incómodas. Y esa ha sido siempre la intención.

🎥 This Is Not a Drill – Concierto completo
Roger Waters – This Is Not a Drill Tour (Full Concert)
Sinopsis
El 25 de noviembre de 2023, Roger Waters presentó en el Estadio Monumental de Santiago la primera noche de su gira de despedida This Is Not a Drill. Con un montaje audiovisual imponente, fuerte contenido político y un repertorio centrado en The Wall, Animals y The Dark Side of the Moon, el músico ofreció un espectáculo provocador y emocional. A sus 80 años, reafirmó su postura crítica frente al poder y transformó el estadio en un espacio de reflexión colectiva.

